
Al entrar a una de esas librerías, con olor a plásticos nuevos que cubren los diseños de las portadas de esos libros de papel, que pesan poco o quizá mucho y hasta trabajo te cueste tomarlo con una sola mano; me di cuenta que la impresión de esos libros son más un caso de romanticismo analógico que de vanguardia, prontitud de la información y un desperdicio primero de árboles y segunda de espacio en tu librero.
Yo no se ustedes, pero yo tengo almacenados una buena cantidad de libros en un librero que casi pide piedad por tanto peso, y nunca tomo esos libros para leer o sacar alguna idea o complemento importante para alguna nota, simplemente abro el safari y me pongo a navegar en internet, sabiendo que la información será más fresca, y hasta más nutrida que de alguno de esos libros que se polvean en el librero. Bien dijo el escritor Alberto Vázquez Figueroa ” Prefiero que el lector me lea gratis a que no me lea” y a lo que agrego que, “lo leamos fácil y no se polvee en un librero“.
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