
En HIGHEND, nos hemos interesado en el tema del BLOG ACTION DAY y para comenzar a contribuír en el tema, hemos rescatado los “highlights” más importantes un documento titulado “State of World population 2007“, realizado por la UNFPA (Fondo de Población de las Naciones Unidas), en donde se plantean las visiones y oportunidades de los próximos años:
En 2008, el mundo alcanzará un hito invisible pero trascendental: por primera vez, más de la mitad de su población humana, 3,300 millones de personas, vivirá en zonas urbanas. Se prevé que para 2030, esa cantidad habrá llegado a casi 5,000 millones. Se espera también que la población rural del mundo disminuirá en unos 28 millones entre 2005 y 2030. En consecuencia, a escala mundial, todo el futuro aumento de la población ocurrirá en ciudades de mayor o menor tamaño. De los nuevos habitantes urbanos, muchos serán pobres. Su futuro, el futuro de las ciudades de los países en desarrollo, y el futuro de la propia humanidad, dependen en gran medida de las decisiones que se adopten de inmediato en previsión de dicho crecimiento. Este aumento será particularmente notable en África y en Asia, donde la población urbana se duplicará entre 2000 y 2030; es decir, el crecimiento urbano de esas dos regiones, acumulado durante toda la duración de la historia, se habrá duplicado en una única generación. La población urbana del mundo desarrollado aumentará relativamente poco: desde 870 millones hasta 1,010 millones de personas. Hacia 2030, las ciudades de los países en desarrollo albergarán al 80% de la población urbana del mundo.
En la actualidad más de la mitad de la población urbana está por debajo de la línea de pobreza en Angola, Armenia, Azerbaiyán, Bolivia, el Chad, Colombia, Georgia, Guatemala, Haití, Madagascar, Malawi, Mozambique, el Níger, Sierra Leona y Zambia. Muchos otros países tienen entre un 40% y un 50% de su población urbana viviendo por debajo del nivel de pobreza, entre ellos Burundi, El Salvador, Gambia, Kenya, Moldova, el Perú, la República Kirguisa y Zimbabwe.
Los habitantes de tugurios en el nuevo milenio ya no son unos pocos miles en unas pocas ciudades de un continente en rápida industrialización; son uno de cada tres habitantes urbanos, 1.000 millones de personas, la sexta parte de la población mundial. Más del 90% de los actuales habitantes de los tugurios están en el mundo en desarrollo. La mayor proporción corresponde al Asia meridional y le siguen Asia oriental, África al sur del Sahara y América Latina. China y la India, conjuntamente, tienen un 37% de los tugurios del mundo. En África al sur del Sahara, el concepto de urbanización ha pasado a ser virtualmente sinónimo de crecimiento de los tugurios; un 72% de la población urbana de la región vive en tugurios, en comparación con el 56% en el Asia meridional. La población de tugurios en África al sur del Sahara casi se duplicó en 15 años y llegó a aproximadamente 200 millones en 2005. En América Latina, sólo un 33,6% de los pobres urbanos tiene acceso a retretes con descarga de agua, en comparación con 63,7% de los demás residentes urbanos que no son pobres.

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En algunos países, entre ellos Bangladesh, Colombia, la India y el Pakistán, la tasa de alfabetización de las mujeres que viven en tugurios es inferior entre un 30% y 50% a la de las mujeres que viven en otros barrios. Factores como la edad al contraer matrimonio, el embarazo y la condición de jefa de familia, contribuyen a reducir la posibilidad de que las jóvenes sigan asistiendo a la escuela. En algunos países de África al sur del Sahara, entre ellos Benin, Côte d’Ivoire, Guinea y Malí, sólo la mitad de las niñas en edad escolar están matriculadas en escuelas urbanas. En la mayoría de los demás países, entre el 20% y el 30% de las niñas que viven en tugurios no asisten a la escuela.
Se estima que hacia 2030 alrededor de un 60% de la población urbana tendrá menos de 18 años. Si no se adoptan urgentemente medidas para proporcionar servicios básicos, empleo y vivienda, ese numeroso contingente de jóvenes crecerá en la pobreza
En el Tercer Foro Urbano Mundial del Programa de las Naciones Unidas para los Asentamiento Humanos, ONU-Hábitat, así como en el informe Estado de las Ciudades del Mundo 2006/7, se logró centrar el interés mundial en el deterioro de las condiciones sociales y medioambientales de los emplazamientos urbanos. El proceso de globalización también ha atraído la atención hacia el potencial productivo de las ciudades y hacia el costo humano. No obstante, la gente, en general, aún no ha captado la enormidad de la escala y los efectos de la futura urbanización.
Los pobres constituirán una gran parte del futuro crecimiento urbano. Los gobiernos urbanos y nacionales, junto con las entidades de la sociedad civil y el apoyo de las organizaciones internacionales, pueden adoptar medidas inmediatas que redundarán en enormes beneficios para las condiciones sociales, económicas, medioambientales y de vida de la mayor parte de la población mundial Al respecto, es preciso destacar tres iniciativas en materia de políticas públicas:
El espacio que ocupan los asentamientos urbanos está aumentando más rápidamente que la propia población urbana. Se prevé que entre 2000 y 2030, la población urbana del mundo aumentará un 72%, mientras que la superficie de las zonas edificadas donde viven 100,000 ó más personas podría aumentar en un 175%. Según estimaciones recientes, basadas en imágenes obtenidas por satélite, todos los asentamientos urbanos (incluidos parques y zonas edificadas) cubren sólo un 2,8% de la superficie terrestre del planeta. Esto significa que aproximadamente 3.300 millones de personas ocupan una superficie inferior a la mitad de la de Australia. Los asentamientos urbanos ofrecen, mejores posibilidades de sostenibilidad a largo plazo, empezando por el hecho de que concentran la mitad de la población del planeta en menos del 3% de su superficie terrestre.
El crecimiento urbano moderno conduce a pautas de ocupación del territorio cada vez más extensivas. Las densidades urbanas promedio han ido disminuyendo en los últimos dos siglos. A medida que mejoran los transportes, la tendencia es a que las ciudades ocupen más y más territorio per cápita. La zona edificada de ciudades con poblaciones de 100,000 o más habitantes ocupa actualmente un total de aproximadamente 400,000 kilómetros cuadrados, la mitad de ellas en el mundo en desarrollo. En los países en desarrollo, las ciudades tienen muchas más personas pero ocupan menos espacio por habitante. En los países tanto en desarrollo como industrializados, la densidad media de las ciudades ha ido disminuyendo rápidamente: en el último decenio, a una tasa anual de 1.7% en los países en desarrollo y de 2.2% en los países industrializados.
También las zonas urbanas contribuyen a los cambios mundiales del medio ambiente mediante el consumo de recursos, el uso del suelo y la producción de residuos y, al mismo tiempo, padecen sus consecuencias. Las “huellas urbanas” se extienden mucho más allá del entorno inmediato de las ciudades, particularmente en los países desarrollados. Por ejemplo, los bosques tropicales de Tabasco han sufrido una tala desmesurada para proporcionar tierras de pastoreo, en respuesta a la creciente demanda de carne vacuna del Distrito Federal de México, a 400 kilómetros de distancia. La creciente demanda de frijol de soya y carne en las zonas urbanas de China, sumada a la demanda del Japón, los Estados Unidos y Europa, está acelerando la deforestación de las zonas amazónicas del Brasil.
Las formas y las funciones urbanas también contribuyen a definir la naturaleza de las interacciones entre las ciudades y los cambios climáticos locales. Por ejemplo, “el efecto insular del calentamiento urbano” es causado por las repercusiones de diferentes usos del suelo en zonas urbanas, que crean microclimas y acarrean consecuencias para la salud. El Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) informa de que, entre 1980 y 2000, un 75% del total de la población mundial residía en zonas afectadas por desastres naturales. En 1999 hubo más de 700 desastres naturales de gran magnitud que causaron pérdidas económicas por valor de más de 100.000 millones de dólares y miles de víctimas. Más del 90% de las pérdidas de vidas humanas a causa de desastres naturales en todo el mundo ocurrieron en los países pobres.
Las sequías, las inundaciones y otras consecuencias del cambio climático también pueden modificar las pautas de migración entre zonas rurales y zonas urbanas o dentro de las zonas urbanas. Por ejemplo, en 1998 y 2002, las severas inundaciones en la Cuenca del Río Yangtze en China, causadas por la combinación de la variabilidad climática y los cambios en la cubierta del suelo como resultado de la actividad humana, desplazaron a millones de personas, principalmente agricultores de subsistencia y aldeanos. Pueden citarse efectos similares en la India, México y otros países pobres. Muchos de esos “refugiados medioambientales” nunca regresan a las zonas rurales de las cuales fueron desplazados.
Es llamativa la concentración de grandes asentamientos humanos en zonas costeras de baja altitud. Es así como un 65% de las ciudades de más de cinco millones de habitantes se ubican en esas zonas, en comparación con sólo 13% de las que tienen menos de 100.000 habitantes. Si continuaran los actuales patrones de urbanización, las zonas costeras de baja altitud atraerían a mayores cantidades de población. En particular, el crecimiento económico de China, impulsado por las exportaciones, se ha asociado con una intensa emigración hacia las zonas costeras.
Pese a numerosas dificultades graves y persistentes, es evidente que la urbanización, en términos generales, mejora indudablemente la vida de la gente. Los migrantes y los pobres urbanos también contribuyen al crecimiento económico urbano y nacional. Las políticas deberían reconocer el papel de la movilidad en el desarrollo y en la reducción de la pobreza. El verdadero problema no es que las ciudades crezcan aceleradamente, sino que no están preparadas para absorber ese crecimiento. Todos los intentos de combatir la migración del campo a la ciudad violan los derechos individuales y obstaculizan el desarrollo en general.
Tanto los encargados de formular políticas como la sociedad civil necesitan información fidedigna sobre quiénes son los pobres, cómo crecen, dónde viven, qué necesidades tienen y cuáles son los obstáculos con que tropiezan para tener acceso a lo que la ciudad puede ofrecer. Otra estrategia de importancia crítica en las acciones para reducir la pobreza y velar por la vigencia de los derechos individuales, es involucrar a las personas en la formulación de las políticas y los programas que afectan a su vida.
A lo largo de los años, las organizaciones de los pobres urbanos han demostrado, gracias a su creatividad y a sus dinámicas gestiones, que son capaces y están motivadas para asumir responsabilidades a fin de satisfacer las necesidades de sus miembros y reivindicar sus derechos a tener una vida digna y en condiciones adecuadas. Al ampliar los medios de acción de la sociedad civil, se afianza la democracia.
Otra estrategia sería centrarse en proporcionar a los crecientes millones de pobres urbano acceso a tierras que ya cuenten con servicios. Las principales dificultades técnicas para proporcionar tierras a los pobres urbanos consisten en : a) ubicar y adquirir una superficie suficiente de suelo urbanizable; b) diseñar modalidades sostenibles de financiamiento para su transferencia a los pobres; y c) regular el funcionamiento de los mercados del suelo.
Los especialistas en población, en particular, pueden contribuir a elaborar y difundir lecciones clave mediante datos, análisis y ejemplos concretos, entre ellos: a) la inevitabilidad y las reales ventajas de la urbanización y el crecimiento urbano; b) la inutilidad de los prejuicios y las políticas antiurbanas; c) la creciente proporción de la pobreza nacional, desagregada por género, que está localizada en zonas urbanas; d) la eficacia de los enfoques proactivos para responder a las necesidades de hombres y mujeres pobres en las ciudades; y e) la importancia de involucrar a los pobres en las decisiones que afectan a su hábitat.
¿Qué será necesario hacer para poner algún grado de orden en la expansión urbana en gran escala? Es posible orientar las políticas hacia: a) la emigración del campo a la ciudad; b) la distribución de las poblaciones urbanas entre distintas ciudades; y c) el proceso de desarrollo urbano en cada ciudad
En este nuevo orden social, económico y político, es útil el concepto de “ciudad-región”. Proporciona un punto de partida fácilmente comprensible para promover un enfoque más coordinado y eficaz de los crecientes problemas suscitados por la dispersión de las zonas urbanas y periurbanas, y también para abordar las cuestiones relativas a los pobres urbanos, que son parte esencial y dinámica del desarrollo urbano. Es importante considerar a la “ciudad-región”, no como otra entidad supralocal, incluso menos accesible a los pobres, sino como una forma de cooperación y negociación entre gobiernos locales adyacentes que tienen necesidades y prioridades diversas. Esto es obviamente imprescindible para abordar las necesidades básicas de la población, ordenar los recursos naturales y eliminar los residuos, además de abordar todas las demás complicaciones resultantes de una expansión urbana rápida y no regulada.
La expresión “gobernabilidad urbana”, anteriormente equiparada a “gestión urbana”, se ha llegado a interpretar como la conjunción de la responsabilidad gubernamental con la participación ciudadana(2). En general, se refiere a los procesos de alianza y concertación entre los gobiernos urbanos locales y otros organismos públicos con diferentes sectores de la sociedad civil para dar una respuesta eficaz a las necesidades locales de manera participativa, transparente y con rendición de cuentas. El ejercicio de la gobernabilidad urbana se verá afectado por varios procesos de diversa índole. Pero todos ellos acentúan la responsabilidad de los gobiernos locales, que son tradicionalmente el eslabón débil del sector público.
Hay tres tipos de medidas para ayudar a los gobiernos nacionales y locales del mundo en desarrollo, así como a los movimientos de la sociedad civil, a promover un mejor futuro para las ciudades y sus ciudadanos:
Para lograr una gobernabilidad y una gestión eficaces en el cambiante marco social y medioambiental de las zonas urbanas en expansión se requiere contar con información y análisis actualizados. La información sociodemográfica puede utilizarse para abordar dos iniciativas complementarias: a) la mejora de la política social destinada a la reducción de la pobreza; y b) la creación de una concepción más amplia y a más largo plazo del uso sostenible del espacio y la provisión de tierras para satisfacer las necesidades de vivienda de los pobres.
A continuación se mencionan algunas medidas de política para contribuir a reducir el costo social y medioambiental de la expansión urbana: