Era mediados de 2007 y en medio de una junta de negocios para la revista HIGHEND tech+style la cual se editaba en el Grupo Editorial Orcus, un buen amigo de una agencia creativa en la Ciudad de México me preguntaba ¿oye, de qué viven revistas como la tuya? Me tardé unos segundos en responder porque es algo que no te preguntan todos los días y evidentemente es algo que no esperas que lo hagan. “No vivimos, sobrevivimos”, contesté un tanto sorprendido ante la inesperada confesión o autorevelación.
Al salir de la junta de inmediato hice un alto a todo lo que estaba haciendo y comencé un análisis a profundidad para entender ¿qué es lo que nos estaba pasando? De inmediato acudí cada mes a Sanborns (es una enorme cadena de tienda/restaurante de la cual es propietaria Carlos Slim) y compré durante tres meses todas las revistas nacionales que competían con nuestra revista HIGHEND tech+style. Del lado tecnológico teníamos a revistas como Sputnik, Wish, Send, Sin, CompuGuía (revista que nosotros creamos), DiscoveryTech, Gadgets y VG! Del lado del estilo de vida, teníamos a Life&Style , GQ y Deep.
Después de un análisis profundo encontré una igualdad “comercial” importante. Todas las revistas del segmento de tecnología estában “sobreviviendo” o c
omenzando a perder mucho dinero (como nosotros comenzábamos a hacerlo). En una revista que habla sobre “tecnología y gadgets” no podrán contar en promedio más de 5 anuncios pagados por edición pero, en una revista de lifestyle el mínimo son 20 anuncios, el cuádruple. Lo triste es ver que casi la mitad de esos anuncios son grandes empresas de tecnología y telefónicas. Nosotros en HIGHEND somos una fusión entre una revista lifestyle y tecnología, pese a ello teníamos un promedio de 12 anunciantes por número, que sigue siendo un dato “paupérrimo” si consideramos el gasto por el tipo de papel, impresión, acabado, contenido, imágenes, tiraje, distribución y diseño (tan costoso que logramos pagar solo el gasto de producción y los sueldos de nuestro Staff, sin ganancias para los socios de acuerdo a la expectativa planeada y ya registrando pérdidas directas). Y que comparadas con la íconica revista “
WIRED” que llega a tener un promedio mínimo de 31 anuncios por número, los focos rojos debieron haberse prendido en muchas editoriales (al menos en la nuestra ya estaban). Pero
¿qué es lo que estába pasando? ¿Por qué un grupo de revistas especializadas para el segmento tecnológico no lograba llamar la atención de sus anunciantes “naturales”? (las empresas de tecnología).
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